miércoles, 1 de junio de 2011

LAS SILLAS MÁGICAS

Aunque parece un cuento de magia, este relato es una historia real

Érase una vez una mamá del colegio Andrés Muñoz que tenía muchos amigos estupendos. Un día esa mamá tuvo un problema con los gobernantes del lugar  porque le negaban repetidamente el derecho a una silla de ruedas con batería para su hijo, al que ella apenas puede mover porque había crecido mucho. La mamá se lo contó a sus amigos y como tenía muchos se hizo una cadena muy grande, tanto que salió en los periódicos y en la TV. Mucha gente buena le ofreció dinero para comprarle una silla, pero ella, aunque sentía emoción y agradecimiento, solo quería que se respetasen sus derechos. Aunque las instituciones no reaccionaron y no le dieron nada, como por arte de magia empezaron a llegar a ella sillas de ruedas de muchos lugares: personas e instituciones generosas pusieron a su disposición sillas en mejores o peores condiciones. Ella se emocionó y decidió no conformarse con una silla para su hijo: "crearé un fondo de sillas en buenas condiciones para que esté a disposición de todas las familias del colegio y de quien pueda necesitarlas". Buscó a colaboradores igual de generosos que ella para que le ayudasen a ponerlas a punto, para trasformar una reivindicación individual en un sueño para muchas familias.

Y aunque el final de esta historia aun está por llegar, quien la cuenta se atreve a adelantarlo,ahí va:

Lo que esta mamá y sus amigos no sabían es que mientras reparaban esas sillas, sin darse cuenta, depositaban en ellas unas gotas de esencias mágicas que harían volar a cualquier persona que se sentase en ellas y a sus familias. Volarían muy alto, como Peter Pan y Wendy, para ir país de la alegría, un lugar donde todo el que entra sonríe y donde los corazones en lugar de latir, bailan, y se contagian el ritmo porque saben escucharse unos a otros. A todos los que podáis necesitar una silla de este tipo os esperamos allí, con está mama coraje dirigiendo la orquesta.
Gracias Campanilla.

2 comentarios:

  1. Había un niño que crecía y cuando en algo posaba su mirada, en aquello se convertía.
    WALT WHITMAN.

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  2. ¡Ojala que lluevan sillas en el campo! FELICICDADES

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